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La soberanía

Ahora que todos hablan de la soberanía, y de que hay que defenderla, vale la pena detenernos y analizar de qué estamos hablando. Este concepto ha cobrado mayor relevancia en tiempos recientes debido a las declaraciones del presidente Donald Trump sobre quién controla el territorio nacional y señalando la incapacidad del Gobierno de la República de controlar su propio suelo. Se ha encendido una discusión entre quienes sostienen que la soberanía debe pasar a segundo plano en asuntos de seguridad nacional, y quienes afirman lo contrario.

La palabra soberanía es una de las que aprendemos desde niños en la escuela, de la mano de lo que es México, y se ha vuelto tan cotidiana, que damos su significado por hecho. Hoy se utiliza con tanta frecuencia en redes sociales, declaraciones oficiales, discursos gubernamentales y debates sobre la situación internacional, que ya no nos detenemos a pensar cuál es realmente su significado.

Una definición funcional, quizás algo básica, nos diría que la soberanía es la capacidad de un Estado para ejercer autoridad plena sobre su territorio, tomar decisiones gubernamentales autónomamente, y tener el monopolio del uso de la fuerza dentro de sus fronteras.

Ante esto, me pregunto: ¿realmente ejerce el Estado mexicano autoridad sobre la totalidad de su territorio? Hay localidades, municipios, y entidades completas donde la evidencia muestra que la autoridad real la ejercen organizaciones criminales, con o sin acuerdos establecidos con los gobernantes electos. Si ese es el caso, el indicador de uno de los principios elementales de la soberanía es claramente negativo.

En segundo lugar, y probablemente el punto más delicado, está la cuestión del monopolio legítimo del uso de la fuerza. Es evidente que los grupos armados que operan en territorio nacional tienen la capacidad de hacer frente a las fuerzas armadas del Estado y en muchos casos, superarlas. Entonces, si el uso de la fuerza ya no es monopolizado por quien legitimamente debe detentarlo, ¿podemos hablar de una soberanía real?

La tercera y última cuestión con base en la definición, sería si las decisiones gubernamentales en México se toman con autonomía. Tal vez aquí la respuesta no puede ser en blanco y negro. La relación compleja con Estados Unidos, que por ejemplo absorbe el 80 por ciento de las exportaciones mexicanas, limita nuestra autonomía. Entonces, si analizamos el panorama internacional y la forma en que las relaciones económicas y comerciales condicionan el margen de acción de los países, ¿hay alguno en el planeta que pueda tomar decisiones con total autonomía?

Hablando de soberanía, me he encontrado con más preguntas que respuestas, que me llevan a cuestionarme si tal vez la definición y concepción tradicional de soberanía no es del todo aplicable a los Estados-nación modernos. Tal vez en México se utiliza superficial y retóricamente, para defender intereses partidistas. Tal vez no exista ya un Estado verdaderamente libre y soberano, en los términos que aprendimos en la escuela.

Habría que preguntarnos: ¿más allá de invocar la soberanía, se ejerce?

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