A mediados de febrero, Julio Scherer Ibarra publicó un libro (Ni venganza ni perdón) en el que detalladamente refirió el uso ilegal que hizo Jesús Ramírez de los fondos de pensiones del extinto sindicato de electricistas. Esos fondos fueron utilizados durante años para financiar las campañas del gobierno de López Obrador en contra de periodistas, empresarios, jueces e intelectuales.
López Obrador no recurrió a la censura abierta, optó por un camino más sinuoso: manchar la reputación de los que él consideraba sus “opositores”. Acostumbraba a repetir que él no odiaba. Pero las campañas que emprendió, en complicidad con Jesús Ramírez, fueron auténticas campañas de odio. El presidente del humanismo no dudó en usar, financiadas con dinero sucio, granjas de bots para difundir mentiras, calumnias, insultos, chismes, apodos, un repertorio de bajezas de la cloaca más baja y ruin de la política.
Fue una operación exitosa. Millones de personas siguen creyendo las mentiras que López Obrador difundido sobre algunos de los personajes de la cultura y la comunicación en México. “Tizna, que algo queda” fue la consigna de López Obrador. Nadie en su momento interpuso una denuncia contra él, era demasiado poderoso. Hacia el final de su gobierno Raymundo Riva Palacio consiguió un amparo que impedía que López Obrador lo siguiera difamando. Pero el daño reputacional ya estaba hecho.
Julio Scherer, antes cercanísimo a López Obrador, se distanció de él y decidió denunciar una serie de prácticas ilegales en las que incurrió su gobierno. En su libro Scherer detalla cómo operó Jesús Ramírez. Exhibe documentos. Señala fechas y el modus operandi. ¿Y qué pasó? Nada. Ramírez sigue en su puesto. Las granjas de bots siguen calumniando. El ejército de influencers (sicarios de pacotilla) continúa inundando las redes con sus insultos y mentiras. Los comentaristas de mayor peso (Viri Ríos, Jorge Zepeda, Álvaro Delgado, Alejandro Páez) desarrollan complicadas maromas para justificar lo injustificable, a cambio de favores del gobierno. La maquinaria de la propaganda sigue funcionando a plenitud. ¿De qué sirvió la denuncia de Scherer? De nada.
Los campesinos denuncian. Las madres buscadoras denuncian. María Elena Pérez Jaén ha presentado más de 40 denuncias ante la FGR en contra de Adán Augusto López sin que éste haya sido jamás llamado a declarar. Los medios denuncian todos los días: Segalmex, el huachicol fiscal, nepotismo, empresas fantasma, desfalcos. El gobierno de nuestro mayor socio comercial denuncia la corrupción y la alianza de nuestro gobierno con el crimen organizado en todos los foros. Y no pasa nada.
La impunidad es total. Pueden dirigir una campaña de salud que provoca 800 mil muertes y no sólo no se castiga al responsable sino que se le premia con un cargo en Suiza. Se premia a los corruptos con embajadas y consulados. No se investiga a nadie que pertenezca a Morena. Para eso reformaron el Poder Judicial, para tener la garantía de que, hicieran lo que hicieran, no tendrían responsabilidad alguna.
La presidenta opera como tapadera del crimen organizado. ¿Y si lo hace la presidenta por qué no habrían de hacerlo los funcionarios menores? El hijo de López Obrador puede instalar un negocio de Japón, realizar fastuosos viajes, comprar costosas obras de arte, sin consecuencia alguna. Los políticos de Morena están en proceso de enriquecimiento acelerado a la vista de todos sin problema alguno. De vez en cuando se les exhibe en la prensa. El escándalo pronto es borrado por el siguiente escándalo. ¿Devolver lo robado, pisar la cárcel? Jamás. Para eso llegaron al poder usando a los pobres como bandera. Impunidad total. Aquí nunca pasa nada. La mafia en el poder.
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