La gobernadora de Chihuahua, Maru Campos, participó en la ceremonia conmemorativa por el asesinato de los sacerdotes jesuitas Javier Campos y Joaquín Mora, así como del guía turístico Pedro Palma
La gobernadora de Chihuahua, Maru Campos, participó en la ceremonia conmemorativa por el asesinato de los sacerdotes jesuitas Javier Campos y Joaquín Mora, así como del guía turístico Pedro Palma

La gobernadora de Chihuahua, Maru Campos Galván, acudió a la misa en honor a los sacerdotes jesuitas Javier Campos Morales y Joaquín César Mora Salazar, así como al guía de turistas Pedro Palma, quienes fueron ejecutados el 20 de junio de 2022 en Cerocahui. Nueve meses después de ese suceso, el ejecutor, fue encontrado sin vida y con un balazo en la cabeza.
“Hoy recordamos a los sacerdotes jesuitas Javier Campos y Joaquín Mora, así como a Pedro Palma, guía de turistas y miembro querido de la comunidad. Vidas dedicadas al servicio, la reconciliación y la esperanza fueron alcanzadas por la violencia en Cerocahui hace cuatro años”, señaló la mandataria.
“Puedo decir que aquel fue uno de los días más dolorosos de toda mi carrera: una tragedia que marcó profundamente a Chihuahua y que nos recordó todo lo que está en juego cuando la violencia lastima a nuestras comunidades. Hoy, el mejor homenaje que podemos rendirles es seguir demostrando que no estamos condenados a aceptar la violencia y la muerte como destino", dijo.
Asimismo, afirmó que “seguiremos trabajando por la vida; por las niñas y los niños, para que puedan estudiar y soñar; acompañando a las madres antes y después del parto; y dotando a las familias de servicios básicos, nutrición, acceso a la salud y oportunidades para desarrollarse", sostuvo.
Tras lamentar los hechos ocurridos, Maru Campos dijo que dicho evento, “es uno de los aprendizajes más profundos que nos dejó Cerocahui. Y en memoria de quienes perdieron la vida, seguiremos trabajando por “Juntos por la Sierra Tarahumara” y por un Chihuahua más humano y en paz”, subrayó.
La conmemoración reunió a autoridades civiles, representantes de la Iglesia católica, integrantes de la Compañía de Jesús y habitantes de la región, quienes recordaron el legado de servicio, acompañamiento y compromiso comunitario que distinguió a los clérigos en la Sierra Tarahumara.
Con su presencia en esta ceremonia para recordar a los apreciados sacerdotes jesuitas, que de varios disparos fueron abatidos en el interior de su propio templo, la Gobernadora refrendó el acompañamiento institucional a los habitantes de la región serrana en esta jornada de memoria y reflexión.
Además, destacó que desde los lamentables hechos que se suscitaron en 2022, su administración ha mantenido un estrecho seguimiento en la región para atender las necesidades más apremiantes de la población.
“Estamos aquí con solidaridad, tenemos un presupuesto que se ha venido implementando en la Sierra Tarahumara para el combate a la pobreza, desnutrición y salud”, puntualizó Maru Campos en torno al programa “Juntos por la Sierra Tarahumara” que lanzó en beneficio de los habitantes de los municipios de la Sierra Tarahumara.
En este contexto, la comunidad participó en una procesión acompañada por danzas tradicionales rarámuri, una expresión cultural y espiritual que simboliza la oración y el anhelo de paz para los pueblos de la zona.
Durante la visita, la mandataria dialogó con sacerdotes de la región, con quienes intercambió impresiones sobre la realidad que enfrentan las comunidades serranas y los esfuerzos que desde el Gobierno del Estado se realizan para fortalecer el tejido social y la construcción de la paz.
Maru Campos fue acompañada por los secretarios de su Gabinete, Salud, Gilberto Baeza Mendoza; Educación y Deporte, Francisco Hugo Gutiérrez Dávila; Seguridad Pública del Estado, Gilberto Loya Chávez; Pueblos y Comunidades Indígenas, Enrique Rascón Carrillo, y Jesús Carrillo, coordinador de Asesores del Gobierno del Estado.
Cabe destacar que a través de estas dependencias, la administración mantiene acciones permanentes en la Sierra Tarahumara, mediante programas orientados a mejorar las condiciones de vida de sus habitantes, como el acceso a servicios básicos, atención médica, educación y seguridad.
José Noriel Portillo Gil, alias “El Chueco”, operador del Cártel de Sinaloa y presuntos responsable de la masacre ocurrida en Cerocahui el 20 de junio de 2022, fue encontrado sin vida y con un balazo en la cabeza, el pasado 18 de marzo de 2023, en Choix, Sinaloa.
Tras el hallazgo, que se registró en un paraje de la zona serrana de aquel municipio, el gobierno de México confirmó formalmente su identidad mediante pruebas de ADNy días después, su cuerpo fue reclamado por sus familiares.
Las investigaciones, hasta hoy, señalaron que su muerte se debió a un ajuste de cuentas entre los propios integrantes del grupo delictivo al que perteneció. Incluso, surgió la versión, de que fue citado en aquel lugar por los ‘jefes’, quienes lo ejecutaron por ‘calentar la plaza’. Con su muerte, se cerró el caso por homicidio, secuestro y extorsión.
Con respecto a esta masacre, el Centro de Derechos Humanos Miguel Agustín Pro, sostuvo que los papeles de la Secretaría de la Defensa Nacional (Defensa), revelan que el Ejército conocía todo sobre el imperio criminal de El Chueco, desde años antes de los crímenes de los sacerdotes jesuitas.
“La filtración de correos revela que las Fuerzas Armadas conocían las alianzas de José Noriel Portillo Gil, alias ‘El Chueco’, con el Cartel de Sinaloa, sus rutas de tráfico de droga y el régimen de terror que impuso a la población.
“La inteligencia militar presenta a El Chueco como el jefe de plaza del grupo delictivo Gente Nueva en la comunidad de Urique, cabecera municipal de Cerocahui, lugar de los asesinatos de los sacerdotes Javier Campos y Joaquín Mora y del guía turístico Pedro Palma”, puntualiza el organismo de derechos humanos.
Señaló que con todo el diagnóstico que hizo la Defensa dos años antes de la masacre, era que la incidencia delictiva “se mantenía en un nivel bajo” y que “eventos” como los achacados a El Chueco y Gente Nueva solo “se podrían presentar de forma aislada”
La narrativa de que El Chueco era un capo menor se contradice dentro del mismo informe de las Fuerzas Armadas, poniendo al narcotraficante en la parte más alta de la lista de “10 personas del sexo masculino que son de suma importancia para la delincuencia organizada” en Urique, Chihuahua.
Además, el estudio “también choca con las conclusiones de otros miembros de la Sedena”, en los que El Chueco aparece en la lista filtrada de “blancos identificados” del Centro Nacional de Fusión de Inteligencia (CENFI) para ser perseguidos por las Fuerzas Armadas previa autorización de los altos mandos.
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