El crecimiento promedio anual del PIB 2000-2006 fue de 1.8%; en el periodo 2006-2012 fue menor, 1.3%. A este lento crecimiento de principios de siglo le siguieron variaciones de 2.0% entre 2012 y 2018 y, para el sexenio 2018 a 2024 de 0.8%. Los años siguientes no han sido mejores; en 2025 la economía creció 0.7% y durante el primer semestre de 2026 lo hizo en 1.2% anual. A su vez, las expectativas de crecimiento de los especialistas del sector privado encuestados por el Banco de México estiman que en el año se crecerá entre 1.0 y 1.4% y que para 2027 será en el rango 1.5-1.9 por ciento anual.
Lo común de estos datos: en el siglo XXI, cuando al país le va bien, acaso crece 2.0% anual, lo que explica el rezago que se viene acumulando frente a otras economías que también han pasado por crisis financieras, pandemia y cambios en la globalización e integración económica. En 1996 en el marco del seminario Transición Mexicana organizado por la Secretaría de Asuntos Estudiantiles de la UNAM, se advertían los retos y necesidades por venir. Con cinco crisis en 30 años, se apuntaba la necesidad de aprovechar los recursos productivos para crear bienestar general, por lo que se deberían concentrar los esfuerzos en áreas estratégicas para crear empleo formal, ampliar el mercado interno, desarrollar condiciones de productividad y competitividad con incorporación y desarrollo de nuevas tecnologías incluyendo a medianas y pequeñas empresas, con desarrollo regional y de infraestructura para aprovechar el cambio estructural de la economía internacional y nacional.
Para ello se requería “estabilidad interna con creatividad económica, imaginación social y eficacia política… en un ambiente democrático y soberano (con) libertad y equidad… (pero) para alcanzar el objetivo de estabilidad y desarrollo social se requiere el consenso, convencimiento, y participación de los agentes económicos… públicos y privados”. “La transición mexicana exige cambios en todos los ámbitos de la política que aprovechando la riqueza de nuestra pluralidad sepa crear consensos y sinergias en una democracia completa, sin autoritarismos, impunidad, burocratismo y corrupciones”; exigencias de Gilberto Borja Navarrete, aún vigentes.
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