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DANZA: Sin luces también se brilla

Daniela Martínez

La danza es una actividad artística que demanda movimientos físicos para expresarse, ya que el lenguaje de comunicación es mayoritariamente corporal y en ocasiones se acompaña de cantos. Sin embargo, la expresión puede acompañarse de elementos externos al cuerpo, lo cual nos invita a reflexionar sobre el papel que juegan los elementos escénicos y si estos son imprescindibles para comprender la expresión artística.

Inicialmente es necesario recapitular los elementos escénicos y su papel dentro de las obras. Sin orden jerárquico, en primera instancia, está el espacio escénico, que es el sitio físico en el cual se desenvuelven los bailarines y el cual, dependiendo de sus características, puede permitir mayor o menor interacción entre bailarines, público y jueces, de ser el caso. Su importancia es enorme, ya que este elemento puede comprometer la ejecución por las necesidades coreográficas, tales como giros, saltos, pivotes, desplazamientos y extensiones.

En segunda instancia, dentro del espacio escénico está la escenografía, la cual tiene como función crear la atmósfera de espacio-tiempo en las obras. La escenografía puede o no estar presente, dependiendo la programación presupuestaria de la puesta en escena, las decisiones directivas y el tipo de espacio que se utilice, ya que es más común su uso en un espacio institucionalizado como un teatro o foro. En tercera instancia y de la mano de la escenografía, se encuentra la iluminación, la cual, mediante diseños de luz y color, enfatiza las emociones y resalta partes del cuerpo, si bien se limita por lo general  a espacios institucionalizados. 

En cuarta instancia está el uso de utilería, como bastones, pañuelos o máscaras. Su uso no es obligatorio en todos los géneros y su función se apega más a la narrativa coreográfica, por lo cual este elemento puede adquirir un mayor grado de importancia que los anteriores. Por último, el uso de vestuario y maquillaje, el cual cambia a través de la colorimetría, las texturas y el género, tiene como misión externar un mensaje complementario a la coreografía además de crear una armonía en las ejecuciones individuales, en pareja o grupales.

Los elementos escénicos tienen funciones específicas y cambian la perspectiva de los espectadores sobre una puesta en escena, pues representan la forma para el entendimiento de la obra .  Ahora que se ha definido la funcionalidad de cada elemento de apreciación artística, están también la sustancia, que es el contenido que se expresa o mensaje, y la técnica, que es la ejecución consciente del movimiento. La sustancia es aquello que compromete en mayor medida la esencia coreográfica, mientras que la técnica sustenta los argumentos y la forma complementaria. Empero, nos enfrentamos a la necesidad de los elementos escénicos o de forma para la expresión artística.

Dependiendo del género, el maquillaje puede ser simbólico o estético. Por ejemplo, en las danzas africanas se usa el maquillaje tribal para representar el estatus social, la cultura e identidad, por lo cual es un elemento simbólico que coadyuva a la expresión. Por otra parte, en la danza folclórica el uso cargado de maquillaje adquiere un rol más estético, ya que acompaña  la iluminación o la armonía grupal.

Sin embargo, al margen de los elementos escénicos, la sustancia o mensaje de la danza no cambia. El mismo baile que se ha ejecutado sin los elementos transmite la misma esencia con o sin los complementos. Aunque el papel que juega la forma en las puestas en escenas puede aumentar la atención y cercanía del público con la obra, el protagonismo yace en el mensaje que el cuerpo transmite. Por ejemplo, en escenarios no institucionalizados como los que utiliza el baile callejero, aunque no existen elementos complementarios, el movimiento sigue impactando a los espectadores y ello ha preservado por décadas el género.

Por último, la sustancia, la técnica y la forma en conjunto pueden aumentar significativamente la apreciación artística de las obras. La ausencia de la forma, sin embargo, no compromete de manera importante la transmisión emocional y simbólica de la sustancia ni la técnica con la cual se ejecutan las obras, por lo que es posible disfrutar, ver o bailar sin los elementos escénicos.

*Daniela Martínez. Politóloga y bailarina de Ori Tahiti galardonada en competencias nacionales. Defensora de la diversidad corporal y la apropiación del espacio.
@DannRedhead

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