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MÚSICA: Permitido escuchar: un encuentro acusmático con el CEPROMUSIC

Montserrat Pérez-Lima

El pasado 15 de agosto acudí al Laboratorio de Creación Escénica del Jardín Escénico del Centro Cultural del Bosque a un concierto organizado por el Centro de Experimentación y Producción de Música Contemporánea (CEPROMUSIC). Si bien esta agrupación se caracteriza por una programación distinta a la habitual de las orquestas de la ciudad, en esta ocasión el concierto fue aún más singular. En lugar de una dotación instrumental tradicional, cuatro bocinas fueron las encargadas de dar vida a las piezas programadas: Astérion, de la compositora argentina Rocío Cano Valiño; Variation Acousmatiques, del francés Denis Dufour; Gradus ad Infinitum, de la compositora surcoreana Unsuk Chin; La Mer Émeraude, del compositor portugués João Pedro Oliveira, y Elimination of Desires, de la compositora francesa Éliane Radigue, fallecida apenas el 24 de febrero de 2026.

La selección musical de este evento dejó sorpresas tanto a propios como a extraños a este repertorio. El coordinador de nuevas tecnologías aplicadas a la música del CEPROMUSIC, Juan Cáceres Avitia, explicó que esta música era una invitación a la escucha de algo que constantemente está presente, aunque no lo sepamos. El concepto acusmático, derivado del griego akousma, comentó, hace la diferencia al “velar la fuente sonora”, tal como sucede en el cine, donde perdemos de vista el origen de la música, pero la escuchamos. 

La música acusmática, grabada y ejecutada mediante bocinas, alude a los akusmatikoi, discípulos de Pitágoras. Para que pudieran enfocarse de manera más efectiva en sus lecciones, se les requería mantener absoluto silencio mientras escuchaban a su maestro, oculto a la vista tras una pantalla. Esta vertiente de la música electroacústica o electrónica es generada a partir de la modificación del sonido grabado y procesado por diferentes tecnologías a lo largo del tiempo: desde las grandes cintas magnéticas hasta el procesamiento en vivo en una laptop. En la cultura de consumo masivo, la música electrónica (asociada popularmente con los DJ y festivales como el EDC México) parece alejarse de su origen y de sus primeros experimentadores, moduladores, sintetizadores y cintas. Aunque el principio técnico puede ser similar, el fin es muy distinto. 

Escuchar estos repertorios, novedosos para muchos oídos frescos, sin duda alguna siempre deja un aprendizaje o una sorpresa a quienes, de manera incauta, se aventuran a experimentarlos. La idea de organizar estos conciertos para el público en general es importante, ya que ofrece a los asistentes nuevas maneras de escuchar, de imaginar la música e incluso de reflexionar sobre cómo escuchamos.

Gratamente, noté que, además del público asiduo al CEPROMUSIC, había personas muy jóvenes: desde parejitas que paseaban en el Jardín Escénico y entraron “por casualidad”, hasta familias con pequeños. Cada uno, de seguro, experimentó este peculiar concierto a su manera. Las luces bajaban en cada interpretación y pudimos apreciar el movimiento del sonido rodeándonos. La idea, según contaba Cáceres Avitia, era apreciar una serie de obras con un común denominador cercano a la tradición de la música electroacústica surgida en Francia; de manera particular, la música de Pierre Schaeffer, aquella conocida como música concreta (musique concrète) creada a finales de la década de 1940 en los estudios de la radio francesa. Al igual que los objets trouvés, la música concreta trabaja con los sonidos cotidianos, grabados primero en cinta y procesados después en grandes laboratorios, donde se le otorgaba un nuevo sentido al paisaje sonoro habitual.

La pieza final fue compuesta en la década de 1980 por Éliane Radigue, homenajeada en este concierto. Alumna de Schaeffer y Pierre Henry, pioneros de la música concreta, Radigue fue conocida por utilizar un sistema modular ARP 2500 y por sus composiciones de largo aliento, fuertemente influenciadas por su práctica del budismo tibetano desde 1975. Tras cuatro años de estudio, comenzó un extenso ciclo de obras basado en la vida del maestro tibetano del siglo XI, Milarepa. Elimination of Desires es una de las piezas del disco Songs of Milarepa (1983), un homenaje de la compositora al poeta tibetano, quien, tras años de meditación y ascetismo, alcanzó la iluminación. Según el mito, Milarepa respondía a las preguntas de sus discípulos e impartía sus enseñanzas a través de poemas y cantos improvisados, atribuyéndosele hasta cien mil canciones. Radigue recreó esta atmósfera intercalando la traducción al inglés (en voz del compositor estadounidense Robert Ashley) con los cantos tibetanos originales grabados por el lama Kunga Rinpoche. 

Allí estábamos, envueltos en la penumbra y rodeados por un sonido pedal (a modo de cuenco tibetano). Las dos voces nos atraparon en un instante en el que lo único que debíamos hacer era escuchar. Permanecimos expectantes por más de 15e minutos; a diferencia de las otras piezas, no había sobresaltos, sólo las voces intercaladas, el pedal de fondo y un momento —pocas veces logrado— de sentir, coexistir y estar genuinamente presentes con los demás, al más puro estilo wellness, pero de verdad.

La experiencia de este concierto me hizo pensar en las posibilidades y en la receptividad del público para experimentar propuestas sonoras distintas, no necesariamente cercanas a sus consumos cotidianos, ni siquiera a la idea de la tonalidad, sino enfocadas por completo en la experimentación. Por lo general, estos eventos son casi siempre “especializados”, dirigidos a las mismas personas envueltas en el medio. La hiperespecialización de estos repertorios a veces no permite que salgan de sus círculos; por ello, vivir la experiencia de este concierto en un sitio donde la gente va a pasar el fin de semana y se encuentra “por casualidad” frente a otras formas de escucha resulta un gran acierto.

Contemplar el sonido nos invitó a desconectarnos del exterior y conectar con el momento presente. Nos permitió apreciar y casi descifrar sonidos reales, previamente transformados por procesos digitales, creando atmósferas muy distintas que iban desde la caja de un piano hasta la selva amazónica. No había un “programa” aparente para las piezas, pero cada quien tenía la posibilidad de crear su propia experiencia. Las obras terminaron y resonaron unos aplausos algo desconcertados, pero sinceros. Escuchar: ése fue el principio y el fin del acusmático. Pues, ¡a escuchar!

Eliane Radigue - Elimination of Desires (1983)

https://youtu.be/V2oUeKj941g

*Montserrat Pérez-Lima. Musicóloga por el Conservatorio Nacional de Música, maestra en Comunicación por la UNAM y maestrante en la Facultad de Música. Es autora de artículos sobre música mexicana y ha impartido ponencias en México, Cuba y España. Escribe notas al programa para diferentes orquestas del país.
@MontseLima_

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