La consolidación de la dictadura mexicana avanza a garrotazos estilo Capitán Cavernícola y ahora le tocó el turno al humor y a la risa.
En la Cámara de Senadores está en proyecto una reforma que, con el pretexto de proteger la propiedad industrial, castigará con tres a siete años de cárcel a los autores de memes y parodias que molesten al gobierno.
La cárcel, de tres a siete años, será para “quien utilice, reproduzca, imite o incorpore, a escala comercial, la identidad gráfica institucional, dominios electrónicos o cualquier signo oficial de los tres órdenes de gobierno para inducir a error o engaño”.
No pueden pasar un solo día sin fastidiar al prójimo. Qué ganas fregar con su amargura.
Hoy es contra la risa.
Otro día es contra los que han salido al mundo y tienen doble nacionalidad.
Otro día es contra los que reciben fondos de alguna fundación extranjera.
Otro día es contra publicaciones en el exterior que pudieran incidir en resultados electorales en México.
Otro día es la prohibición de llamar narcopartido al partido de los narcos.
Otro día es una lista negra de críticos del régimen.
Y así, diario, ¡ungah! ¡ungah!
Usan los recursos del Estado, como el Canal 11, para ridiculizar y hacer escarnio de ciudadanos aborrecidos por el régimen.
Pero quieren llevar a la cárcel a los que hacen parodias y burlas de funcionarios federales, gobernadores y alcaldes. De tres a siete años.
Sabiéndolo manejar, el humor es un estilete infalible para desnudar la soberbia y la ignorancia que hay en los que sólo pueden gobernar rodeados de aplaudidores.
Por eso le temen. Pero ¿cárcel?
Brozo y sus parodias les causan escozor, lo mismo que las sátiras de Chumel, los cartones de Calderón, Perujo, Garci, Camacho y otros que despliegan su talento e ironía a costa de los gazapos y dislates de la gente del poder.
Dirán que sólo es castigo a lo hecho en “escala comercial”. La televisión, los periódicos, las radios, canales de YouTube lo son.
Alegarán que es únicamente cuando inducen a error o a engaño. ¿Según quién? Según los jueces del acordeón.
Tal vez no apliquen esa penalidad, pero tendrán el instrumento coercitivo en la mano.
A nuestros gobernantes los domina una vocación irrefrenable de policías de la conciencia. Tienen linaje.
Durante la dictadura de Mussolini, el Tribunal Especial para la Defensa del Estado persiguió las expresiones “ofensivas al régimen”, que eran las canciones satíricas, caricaturas y chistes sobre Mussolini.
En Irán, cuyo régimen tanto admira la izquierda gobernante en México, la artista Atena Farghadani dibujó a los parlamentarios iraníes como monos, vacas y otros animales para protestar contra un proyecto de ley que restringía los derechos reproductivos de las mujeres. La condenaron a 12 años y nueve meses de prisión por insultar a los legisladores con sus dibujos.
Y así, entre impresentables de la historia podríamos llegar hasta Nerón, que pidió pena de muerte para el humorista que en un banquete recitó versos burlones hacia su persona. No llegó a tanto, porque el Senado lo frenó.
Con las tijeras del oscurantismo y de la amargura están cortados nuestros gobernantes, que, como los farsantes que son, llegaron al poder con la divisa del movimiento estudiantil francés del 68: “Prohibido prohibir”.
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