En México tenemos una forma muy nuestra de recordar a los muertos. Les ponemos flores, encendemos veladoras, preparamos su comida favorita y llenamos de colores los altares. Pero este Día de Muertos me puse a pensar en otras cosas que también hemos perdido como país. Algunas se fueron apagando poco a poco y otras, simplemente, desaparecieron por decisiones de quienes hoy gobiernan.
Pienso, por ejemplo, en el INAI, un organismo que nos permitía saber qué hacía el gobierno con nuestros recursos y que terminó desapareciendo por una decisión política. También en la independencia del Poder Judicial, que hoy enfrenta serios cuestionamientos, y en el INE, que sigue ahí, pero cuya autonomía no podemos dar por sentada. Son instituciones que costaron muchos años construir y que, más allá de quién esté en el gobierno, deberían servir para protegernos a todos.
Desde el norte sabemos lo importante que es tener reglas claras. En Coahuila hablamos constantemente de inversiones, de empleos, de crecimiento y de las oportunidades que queremos para nuestros hijos. Pero nada de eso puede sostenerse sin instituciones fuertes, sin certeza jurídica y sin confianza. Las decisiones que se toman en el centro del país también tienen consecuencias aquí, aunque a veces parezcan muy lejanas.
Y hay otras cosas que también estamos perdiendo. La posibilidad de pensar diferente sin que eso nos convierta en enemigos, la capacidad de escuchar al otro y hasta la costumbre de cuestionar lo que nos dicen. Me preocupa que nos estemos acostumbrando a justificarlo todo dependiendo de quién tome las decisiones. Lo que antes nos parecía inaceptable, hoy se aplaude si viene del partido con el que simpatizamos.
Lo más triste es que algunas de estas pérdidas se han celebrado como triunfos. Como si desaparecer organismos o debilitar contrapesos significara necesariamente mejorar al país. No se trata de defender instituciones porque sí, ni de negar que muchas necesitaban cambios. Se trata de entender que reformar no es lo mismo que destruir, y que ningún gobierno debería tener tanto poder como para dejar de rendir cuentas. Este fin de semana volveremos a recordar a quienes ya no están. Y mientras ponemos flores y encendemos veladoras, creo que también vale la pena pensar en el México que estamos dejando a nuestros hijos. Porque hay cosas que, una vez que se pierden, cuesta muchísimo recuperar. Y a diferencia de nuestros seres queridos, a la democracia, a la libertad y a la confianza no podemos esperar que regresen una vez al año.
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