...

Información para decidir con libertad

Apoya el periodismo independiente

La mirada que inspira palabras verdaderas

El papa León XIV, en su discurso al cuerpo diplomático acreditado ante la Santa Sede (9 de enero de 2026), señaló a la perversión de las palabras como uno de los peligros más fuertes contra la paz. Las palabras, apuntó, han perdido la conexión con la realidad, y “en las contorciones de la ambigüedad semántica, el lenguaje se está convirtiendo cada vez más en un arma con la cual engañar, golpear y ofender al oponente”. No tenemos que salir de México para constatar esta brutal realidad. Cada mañana, en los últimos siete años, hemos asistido al festival del contorsionismo semántico. Bajo el patético lema “abrazos no balazos” se permitió al crimen organizado controlar vastas zonas del país; desde el “púlpito del pueblo” se condena y se pisotea la dignidad de cuantos piensan en libertad y pretenden una patria donde podamos vivir en paz. El eufemismo es el vehículo que hace banas las palabras.

Benedicto XVI, el doctor humilde, insistía en la imposibilidad de actuar y hablar bien, si no se piensa bien. Y así lo dijo el Nazareno: no es lo que entra en nuestro cuerpo lo que nos corrompe, sino las palabras que salen de nuestro corazón. Alguna vez una mujer muy sencilla dijo que el papa Francisco venía a México a decir palabras verdaderas para poder vivir mejor. ¿Cómo recuperar esas palabras?

El magisterio de Francisco y León XIV acuden a nuestro auxilio. Lo mejor es que sus reflexiones son accesibles a la razón de ateos, agnósticos y creyentes con independencia de la revelación, si bien desde ese lugar se enuncian. El primero, en una reunión con algunos obispos de América Latina durante su viaje a Brasil en julio de 2013, advirtiendo contra la ideologización de la fe que pervierte el evangelio, hizo una crítica al método teológico de “ver, juzgar, actuar”. Del lugar desde el cual se mira la realidad depende el juicio sobre la misma y, por ende, las palabras y las acciones. Nuestro “ver” debe estar en armonía con Jesús, cuya mirada dignifica al ser humano más allá de sus circunstancias personales, con independencia de sociologismos. El segundo, en su homilía de inicio de la cuaresma, se refirió a la condición que nos permite mirar con claridad nuestra humanidad, la cual depende del modo en que nos paramos ante el mundo para mirar al prójimo. Un modo de ser cristiano que debe estar marcado por la humildad. Estamos hechos de ceniza y la mirada de Cristo nos dignifica.

Aprender a mirar a cada ser humano en su dignidad es el camino para recuperar nuestra palabra. Por eso, quienes pretenden manipular para dominar pervierten las palabras para obligarnos a ver con los distorsionados lentes del eufemismo y desde ahí engañar, golpear y ofender. En México, necesitamos con urgencia volver a decir palabras verdaderas que nos permitan vivir mejor, recuperar la capacidad de enunciar la rica policromía de una sociedad realmente humana en la polifonía de sus voces. Una humilde verdad que nos une en la razón a ateos, agnósticos y creyentes.