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La tercera es la vencida

Culiacán, Sin.- Refrán popular utilizado para alentar la persistencia tras múltiples intentos fallidos. Sugiere que el éxito puede requerir más de un esfuerzo y que no se debe claudicar ante los obstáculos.

Sin embargo, hay momentos en los que insistir deja de ser virtud y comienza a convertirse en exceso.

El gobernador Rubén Rocha Moya acaba de nombrar como nuevo secretario de Seguridad al militar en activo Sinuhé Téllez López, quien se convierte en el cuarto funcionario en ocupar el cargo en poco más de cuatro años de la actual administración.

Si bien es cierto que Sinaloa nunca ha sido un estado fácil de gobernar en materia de seguridad, y que además ha sido sacudido por más de 18 meses de confrontación entre las facciones de Los Chapitos y Los Mayos, cuatro secretarios en cuatro años no solo es inusual: es un exceso.

De hecho, únicamente el actual gobierno estatal ha alcanzado la cifra de cuatro titulares de Seguridad en un mismo sexenio. Esto no es un dato menor; constituye un récord de inestabilidad institucional en una de las áreas más sensibles del estado.

Esta rotación constante refleja, por un lado, una crisis sostenida de violencia, pero también —y sobre todo— evidencia responsabilidad e incapacidad tanto del Ejecutivo estatal como del gobierno federal para cumplir con su obligación primaria: garantizar la seguridad de los ciudadanos.

A ello se suma la evidente falta de continuidad en la estrategia de seguridad. Cada relevo implica ajustes, redefiniciones y, en muchos casos, comenzar de nuevo, debilitando cualquier intento de consolidar una política eficaz.

En cualquier organización existen dos niveles de responsabilidad claramente definidos: el operativo y el directivo. El primero corresponde a cada integrante por sus acciones u omisiones; el segundo recae en quien lidera, fundamentalmente porque es quien diseña el sistema en el que esas acciones ocurren.

Es decir, cada miembro responde por su desempeño, pero el líder responde por el resultado del conjunto. Es un principio básico de control: quien decide, responde.

En el ámbito público, este principio es aún más contundente. En un equipo de gobierno, las fallas pueden ser individuales, pero la responsabilidad es estructural. El líder responde por todo lo que ocurre, porque decide quién integra su equipo, qué funciones desempeña y bajo qué reglas opera.

Cuando tres secretarios de Seguridad han fallado, no basta con señalar errores hacia abajo. Es indispensable mirar hacia arriba. Y en el estado no hay instancia superior al titular del Ejecutivo.

Hoy no hablamos de tres, sino de cuatro secretarios en un mismo periodo. Cuatro relevos en cuatro años no son coincidencia: son síntoma.

Síntoma de una estrategia que no ha logrado consolidarse.

Síntoma de decisiones que no han dado resultados.

Síntoma de un problema que no se corrige cambiando nombres.

Porque cuando los cambios se vuelven recurrentes, dejan de ser solución y se convierten en evidencia del problema.

Con este nuevo nombramiento, la pregunta es inevitable:

¿Ahora sí será la vencida?

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