...

Información para decidir con libertad

Los Pre y los Post

En estos tiempos Transformadores, las elecciones empiezan mucho antes de que se instalen las casillas y terminan bastante después de que se cuentan los votos. Entre una cosa y otra, la democracia atraviesa un tratamiento intensivo del que no siempre sale caminando. Para 2027, el pronóstico merece cuando menos, una segunda opinión. Sobretodo porque algunos de los encargados parecen más interesados en prolongar la agonía que en salvar al paciente. Aunque visto su historial, tampoco sorprendería que terminaran cobrándonos a los deudos desde antes del funeral.

En las elecciones intermedias se disputarán más de veinte mil cargos, se instalarán (o se intentará) alrededor de 176 mil casillas y se convocará a más de 102 millones de electores potenciales. Una operación monumental que requiere instituciones confiables, autoridades imparciales y candidatos que de preferencia, no tengan cuentas pendientes con la justicia. Justo todo lo que ya no hay. Es que para la Transformación y sus aliados, tampoco hay porqué ponerse exigentes.

Porque esta última condición parece haberse convertido en una extravagancia.

El INE informó que la revisión de posibles vínculos delictivos de quienes aspiren a una candidatura requerirá el consentimiento del susodicho/a. La solución exquisitamente a la mexicana. Se pretende detectar riesgos criminales, pero primero hay que preguntarle al interesado si tiene inconveniente en que lo investiguen. La transparencia, como los buenos modales, también empieza por pedirle permiso hasta al criminal. Un detector de mentiras que solo funciona si el sospechoso lo autoriza. Imagino al aspirante con antecedentes comprometedores agradeciendo la invitación y declinando amablemente el que le revisen hasta las muelas. No vaya a ser que una investigación inoportuna arruine su prometedora carrera política. La prevención del delito elevada a las alturas de los usos y costumbres de los que matan gallinas en el senado. Es el problema de gobernar de guinda. Hacen las leyes a modo para proteger a los muy suyos. Como por ejemplo, al Heredero y al Hermano. Los demás, que lo aprovechen.

Y eso apenas corresponde al Pre.

La violencia política tampoco espera a que empiecen las campañas. En distintas regiones del país, los intereses criminales han encontrado en las elecciones una oportunidad para administrar territorios, imponer candidatos o impedir que otros compitan. No necesitan ganar una “coordinación” cuando ellos pueden decidir previamente quién aparece en la boleta. Es una manera bastante eficiente de ahorrarse la incertidumbre democrática. Que el crimen que gobierna más de la mitad del país, se haga cargo.

Mientras tanto y como ya lo comentamos antes, el Ex Amado Líder ha recuperado del guardarropa ideológico la palabra “neofascistas”. Una etiqueta suficientemente aparatosa para abarcar adversarios, críticos y cualquier otro personaje que incomode al discurso oficial. La Suplente también ha denunciado supuestas operaciones de “injerencia” de la ultraderecha. Habrá que investigar las acusaciones, claro. Aunque siempre resulta más fácil encontrar un adjetivo recurrente que presentar una carpeta de investigación. Las pruebas tienen la pésima costumbre de exigir realizar un trabajo. Y ya no tenemos presupuesto para eso.

Porque cuando todos los adversarios se convierten en “enemigos” de la democracia transformadora, resulta muy sencillo presentarse como su único defensor. Y si alguien protesta, entonces confirma la teoría.

Y luego vendrá el Post.

El Tribunal Electoral tendrá que resolver las controversias de una elección gigantesca en un ambiente de violencia y desconfianza. Sus decisiones recientes sobre libertad de expresión, incluidas las controversias por sanciones a caricaturistas, han abierto preguntas sobre los límites de su interpretación jurídica. Y no, no es chiste, aunque a veces lo parezca. La misma institución que interviene en disputas sobre expresiones políticas deberá pronunciarse sobre candidaturas, resultados e impugnaciones. Un tribunal ad nutum que tendrá que discernir entre una caricatura y una amenaza a la democracia y seguridad nacional. Hasta ahora, la segunda le ha resultado más fácil de encontrar contenida en la primera.

La legitimidad de sus sentencias dependerá tanto de su fundamento jurídico como de la consistencia de sus criterios. Un tribunal no necesita complacer a todos. Necesita que sus decisiones puedan explicarse sin recurrir a la identidad política de quien gana o pierde. Parece una exigencia elemental, pero en estos tiempos hasta la imparcialidad empieza a sonar a militancia opositora y según el régimen, eso si es criminal. Y en el Tribunal, no son asi como de seguir al pie de la letra la norma.

Y aquí aparece otra paradoja. Mientras las autoridades piden confianza, ciudadanos y especialistas impulsan iniciativas de vigilancia electoral. Que la ciudadanía se organice para observar las elecciones es saludable. Que considere indispensable reforzar la vigilancia sobre quienes deben garantizarlas, nos revela la magnitud de la preocupación. Hemos llegado a ese refinamiento institucional en el que necesitamos vigilantes para vigilar a los vigilantes. Quizás pronto haya que nombrar una comisión para supervisar a los supervisores mientras reciben los paquetes de la elección.

Los conflictos post electorales no serán necesariamente prueba de fraude. Las impugnaciones forman parte de cualquier democracia. Pero si la violencia restringe la competencia, las acusaciones sustituyen a las pruebas y las sentencias no consiguen despejar las dudas, el problema será mucho mayor que una elección disputada.

Los Pre podrían llenarse de amenazas, sospechas y descalificaciones. Los Post, de expedientes, recuentos y sentencias. Todo aderezado de una violencia como no la hemos visto todavía. Y en medio quedará el ciudadano, el único a quien nadie le pide consentimiento, pero si le exigen confianza.

En México alguna vez fuimos ejemplo de cómo contar los votos. De cómo ser una joven democracia sin necesidad de batallas campales.

Ahora lo que nos cuesta, es conseguir que nadie pueda contar los votos a golpes o peor, para su mera conveniencia.

Recomendar Nota

Facebook
X / Twitter
WhatsApp