Si John le Carré pudiera observar hoy la política europea, probablemente encontraría material suficiente para otra de sus novelas. Lo que ocurre en Bruselas ya no se percibe únicamente como una disputa entre gobiernos con intereses distintos, sino como un escenario donde la desconfianza comienza a instalarse en el centro mismo del sistema. En sus historias, el “topo” no era un espía cualquiera, sino alguien integrado en la estructura, alguien que conocía las reglas y sabía cómo moverse sin levantar …
