Algunos taquígrafos del morenato festinaron con alegría, como un segundo grito de independencia, la defenestración de un personaje menor, uno de esos de cuya existencia, hasta hace unos años, nadie sabía. Polvo eran y en polvo se convertirán. Pero el resbalón analítico -producto de novatez, mentalidades caducas o deshonestidad intelectual- de ver en ese despido que “ahora sí, hay presidenta”, es surrealista. En la vida más allá de Starbucks las cosas son más difíciles o, como decía un viejo político …
