La semana pasada ocurrió algo poco común. El primer ministro de Canadá, Mark Carney, hizo lo que nadie se atreve a hacer: se rebeló frente al populismo imperial de Trump. Su mensaje fue directo: no queremos vivir bajo dominación arbitraria. Queremos ser libres e independientes. Su discurso se volvió símbolo de la gran disputa de nuestro tiempo: la confrontación entre la vida independiente y la dominación; entre el liberalismo y el populismo, junto con su vertiente imperial. Carney, como Churchill …
