Ni mis padres ni nadie de mis tíos y mis primos fueron aficionados al futbol, y yo soy el mayor de tres hermanos, así que no había posibilidad alguna de que un familiar me contagiara la afición. Pero en cuanto vi por primera vez un partido, en tele de blanco y negro, supe que toda mi vida disfrutaría de lo que el inolvidable Ángel Fernández llamó el juego del hombre. Ningún otro deporte enciende así la pasión de los seguidores, …
