México tuvo ayer una mala tarde legislativa. En la Cámara de Diputados se aprobaron tres reformas que, lejos de fortalecer la democracia, abren nuevos flancos de incertidumbre, simulación y control político. La primera fue la reforma constitucional para permitir la anulación de elecciones cuando se acredite intromisión extranjera. En principio, nadie puede estar en contra de proteger la soberanía nacional ni de impedir que actores externos financien, manipulen o distorsionen una contienda electoral. El problema está en la vaguedad del …
