Semana Santa suele venderse como una pausa. Días para salir, descansar, convivir, bajar revoluciones y cambiar por unas horas la rutina por carretera, playa o reuniones familiares. Pero en México, por desgracia, también tendría que asumirse como una temporada en la que no conviene relajar del todo la atención. El deseo de descansar no elimina los riesgos. A veces incluso los multiplica. En estas fechas millones de personas se desplazan por carreteras, dejan sus casas solas, modifican horarios, comparten en …
