El debate reciente sobre el alcance del poder, su cercanía o no con el pueblo, los intereses que debe representar, o lo efímero del cargo de quien lo ejerce, parece desconsiderar lo más importante: la ley. El ejercicio de la función pública tiene un único sustento, una única legitimación y una superior limitación: la ley. Por ello desconocerla, ignorarla, pasarla a segundo plano o modificarla afectando el respeto a los derechos humanos reconocidos universalmente es, para un estado democrático, la …
