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Romper el pacto o nos hundimos

El lenguaje cada vez más hostil de funcionarios estadounidenses hacia México nada tiene que ver con “la transformación”, como dice la presidenta, sino con la complicidad del gobierno de Morena y el crimen organizado.

Si Claudia Sheinbaum se va a inmolar, como dio a entender el fin de semana en Yucatán, que sea por México y no por salvar a mafiosos de su partido.

Morena metió a México en este infierno y Sheinbaum debe actuar como jefa de un Estado bajo amenaza, producto de los pactos de gobernadores y funcionarios morenistas con el narcotráfico.

No se puede gobernar aliado al narco, porque la integridad del país está en riesgo.

A Trump le tienen sin cuidado los golpes totalitarios de “la transformación”, la democracia mutilada, la separación de poderes destruida, la deuda galopante o la concentración de poderes en un partido.

Lo que le importa es el escandaloso encubrimiento del gobierno federal hacia gobernadores y altos funcionarios, en la actual y en la pasada administración, que han dado cobertura a los cárteles de las drogas.

Tampoco es un asunto de Trump únicamente.

 Fue en el gobierno del presidente Biden cuando el Comando Norte informó al Congreso de su país que cuando menos un tercio del territorio mexicano estaba bajo control de grupos criminales.

López Obrador le quiso tomar el pelo a Biden con engaños y burlas sobre el fentanilo y los cárteles, hasta que se llevaron a Ismael Zambada (El Mayo) y AMLO terminó su mandato sin saber cómo lo secuestraron.

Se siguió en la ruta de la negación para encubrir. Ganó Trump en 2024, el que creían su amigo, y continuó el trasiego de drogas sintéticas para inundar el mercado de consumo en Estados Unidos.

La colusión de políticos con grupos criminales no fue casuística, individualizada, como había ocurrido en el pasado.

Con Morena pasó a ser estructural, orgánica, de dinero y operación electoral a cambio de dejar hacer, dejar pasar, negar, no tocarlos, aun cuando las milicias del narco actúan a la vista de las autoridades.

Ese es el problema, no las elecciones de noviembre en Estados Unidos.

Trump ha dicho con total claridad que si el gobierno mexicano no actúa contra los jefes políticos que han dado cobertura e impunidad al narco, Estados Unidos lo hará.

Avisa que si aquí no se persigue y arresta a los narcopolíticos que gobiernan, habrá intervención de Estados Unidos.

Y la presidenta nos quiere hacer creer que las amenazas de Trump son porque le preocupa la “cuarta transformación”.

Mientras ella confunde al país con su partido, los funcionarios del gobierno de Trump ofenden a México sin recato ni respeto.

Lo hacen porque nuestras autoridades lo permiten y abren las puertas a la intervención extranjera por defender a un sector criminal del partido gobernante.

Ya han destruido casi todo en siete años y medio. ¿Qué sigue?

A las Fuerzas Armadas las debilitaron al propiciar la corrupción selectiva en sus altos mandos.

El general de División Gerardo Mérida Sánchez está en un calabozo en Nueva York, es licenciado en Administración Militar y licenciado en Derecho. Maestro en Seguridad Nacional y doctor en Derecho.

¿Cuánto le costó al país formar a un cuadro así? ¿Y a los hermanos Farías Laguna?

Una incursión estadounidense para llevarse a un gobernador, un alto funcionario o un senador, llevaría a la ruptura de relaciones y a la quiebra económica y política del país.

La presidenta debe romper el pacto Morena-cárteles, o nos hundimos.

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