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La desigualdad en la sala de juntas

La participación de las mujeres en el mundo empresarial en México ha registrado avances en los últimos años, pero la igualdad real aún está lejos de alcanzarse. Aunque cada vez más mujeres se incorporan al mercado laboral y al emprendimiento, su presencia en los espacios donde se toman las decisiones sigue siendo limitada. La desigualdad no solo se refleja en el acceso al empleo y la brecha salarial, sino también —y sobre todo— en el acceso al poder dentro de las empresas y la posibilidad de ocupar cargos directivos o ser parte de sus consejos de administración.

Diversos estudios del Instituto Mexicano para la Competitividad (Imco), México, ¿Cómo Vamos?, el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) y organismos internacionales han documentado tanto los progresos como los rezagos persistentes. En México, además de una brecha salarial de 18% entre hombres y mujeres, la participación económica de las mujeres sigue siendo considerablemente menor que la de los hombres, 76% contra 46%, una de las brechas más amplias entre los países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE). Según estimaciones del Imco, cerrar esta brecha podría aumentar el producto interno bruto del país hasta en un 15% en el largo plazo.

La desigualdad también es evidente en los niveles más altos de liderazgo empresarial. De acuerdo con el reporte Mujeres en las empresas del Imco, solo 3% de las empresas tiene mujeres en sus direcciones generales y 67% de éstas no cuenta con participación femenina en sus tres direcciones relevantes.

De igual forma, mientras que en varios países de la OCDE, la presencia femenina en consejos de administración supera 30%, impulsada por políticas de cuotas de género o metas corporativas de diversidad, en México muchas empresas aún no han establecido objetivos formales para aumentar la representación femenina en sus órganos de gobierno. Las mujeres apenas ocupan 14% de los asientos en los consejos de administración de las empresas que cotizan en bolsa y sólo 4% de las empresas tiene una mujer presidenta en sus consejos. Peor aún, 19% de las empresas cuenta con un consejo conformado exclusivamente por hombres.

Uno de los factores estructurales que explica esta brecha es la distribución desigual del trabajo no remunerado. De acuerdo con el observatorio económico México, ¿Cómo Vamos?, las mujeres mexicanas dedican en promedio más de 40 horas semanales a tareas domésticas y de cuidado, casi el triple del tiempo que destinan los hombres. Esta carga limita las oportunidades de desarrollo profesional y reduce las posibilidades de acceder a posiciones de alta dirección.

Diversos organismos internacionales, como el Banco Mundial y el Foro Económico Mundial, han documentado que las empresas con mayor diversidad de género en sus equipos directivos y consejos de administración suelen obtener mejores resultados financieros, mayor capacidad de innovación y una gestión de riesgos más sólida.

Impulsar la participación de las mujeres en el mundo empresarial no es solo una cuestión de equidad, sino una estrategia fundamental para el crecimiento económico y la competitividad del país. Mientras el talento femenino continúe subrepresentado en las salas de juntas, México seguirá desaprovechando una parte importante de su potencial.