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La insidia y la Revolución

López Obrador ha vuelto a escena con una propuesta que trasciende la filantropía: la creación de un fideicomiso para Cuba. Este movimiento no es un gesto humanitario, sino un dispositivo político diseñado para dominar la agenda, reafirmar la identidad de su base y acotar la autonomía de su sucesora. Al contrastar su "humanismo" frente al supuesto "bloqueo", convierte un conflicto geopolítico en un rito de pertenencia para el credo obradorista.

La jugada es un mensaje directo a Washington. Mientras la actual administración busca coordinarse con las agencias de inteligencia estadounidenses (a través de García Harfuch), Obrador recuerda que el corazón de Morena palpita con las causas que la Casa Blanca detesta. No es algo nuevo, AMLO abreva de la vieja escuela priista. Durante décadas, México mantuvo una relación fraternal con la Revolución cubana como una forma barata de legitimar su "esencia revolucionaria". Era un pacto de no agresión: México ofrecía oxígeno diplomático y Fidel Castro se comprometía a no exportar la guerrilla a territorio mexicano, como sí lo hizo en Nicaragua, República Dominicana, Perú, Argentina, Venezuela, Panamá, El Salvador, Colombia o Bolivia.

Incluso los arquitectos del neoliberalismo, como Carlos Salinas de Gortari, mantuvieron esta cercanía. Peña Nieto incluso llegó a condonar 70% de la deuda cubana. Sin embargo, Obrador añade un ingrediente propio: la insidia. Al provocar roces diplomáticos, obliga a Claudia Sheinbaum a gestionar tensiones que él mismo fabrica desde su retiro condicional.

Hoy, la élite cubana no cree en el marxismo; lo usa para proteger un capitalismo militar donde las Fuerzas Armadas administran miles de empresas, esperando el momento de la privatización definitiva. Se estima que los militares controlan entre 50% y 80% de la actividad económica que genera divisas en la isla. La Revolución cubana sobrevivió vaciando conceptos como "libertad" y "pueblo" para sustituirlos por una narrativa personal impuesta por el castrismo como verdad oficial. En este escenario, la ayuda mexicana no empodera a los ciudadanos, sino que apuntala una estructura que castiga la imaginación ajena.

Obrador insiste en defender una reliquia ideológica que solo sobrevive mediante el control y la retórica. Al final, en esa isla donde la realidad fue devorada por el discurso, se cumple la amarga sentencia del escritor Guillermo Cabrera Infante, quien murió en el exilio: "Esa es la ventaja de las dictaduras: que lo que no es obligatorio, está prohibido".