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Prioridades extraviadas

Decir que las cosas se están echando a perder en México les resulta a algunos –muchos, de momento– una exagerada aseveración que sólo puede provenir del más “desesperado” campo opositor. La propia presidenta lo ha dicho en diversas oportunidades: la oposición busca desprestigiar el proyecto de la 4T en aras de volver al pasado, a los privilegios, al neoliberalismo… y ese largo etcétera  que supuestamente hemos dejado atrás, mientras las noticias de corruptelas, estafas y ligas delincuenciales del partido en el poder abarrotan las primeras planas (de la prensa que todavía hace su trabajo).

El optimismo que se nos suministra discursivamente a diario contrasta brutalmente con los hechos. Las señales cada vez más gente las observa (y sufre) alarmada o por lo menos escandalizada. Véase, por ejemplo, el caso del demencial tirador de Teotihuacán, quien disparó por varios minutos contra decenas de turistas que se encontraban en ese momento en la Pirámide de la Luna. Nadie culpa al gobierno estatal o federal de la locura xenófoba del asesino (aunque algo tenía del rollo “ancestral” que tanto gusta a la 4T), pero es necesario ir más allá y plantearnos, con sentido común, si esto hubiera sido posible en una zona arqueológica bien vigilada, con detectores de metales a la entrada y con un número suficiente de guardias.

Es obvio que en esas condiciones esto no habría podido ocurrir. Pero como el número de vigilantes en Teotihuacán ha disminuido drásticamente en los últimos años (de 80 a 30, según me informan) y no hay detectores de metales, amén de que la Guardia Nacional tarda mucho en llegar y más en responder, por supuesto que fue posible.

Teotihuacán, con todo y que es una de las más importantes, no es la única zona arqueológica que experimenta el abandono presupuestal, el burocratismo y el desdén de las autoridades federales y (en lo que les compete) estatales.

Otro tanto, ocurre con nuestros museos, bibliotecas y y otros muchos espacios culturales que se vienen abajo por falta de mantenimiento, materiales, restauradores y, otra vez, vigilantes.  Algunos ya se están cayendo a pedazos, para vergüenza de sus directivos y empleados que nada pueden hacer ante la austeridad  infame que les ha sido impuesta con la anuencia y silenciosa complicidad de la Secretaría de Cultura y de Educación Pública.

Todo esto es dramático, pero no es raro en un país donde las prioridades se han extraviado. Para el gobierno lo importante es perpetuarse en el poder, y para ello ha elegido la ruta de las políticas electorales-clientelares donde lo esencial es que a sus potenciales votantes no les falten los apoyos y becas prometidos.

En el largo plazo –y si me apuran, en el mediano– este sistema clientelar es insostenible, pero incluso si consigue mantenerse unos años más, es evidente que lo hará a costa de un mayor déficit fiscal (que ya es el más alto en décadas), lo que nos ha llevado igualmente a un endeudamiento histórico.

Ahora bien, las prioridades presupuestales del “humanismo” morenista se traducen, ya en la realidad, en la más inhumano y miserable  ausencia de servicios médicos y educativos de calidad, en un Metro sin mantenimiento, en trenes descarrilados y, ahora, gracias a la "ministra del pueblo" en gente pobre sin lentes o prótesis porque no se tienen los recursos suficientes.

Son las prioridades extraviadas para mantener el sistema clientelar de "bienestar" que, suponen, los eternizará en el poder.

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