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El ocaso de la Quinta República: Francia ante el abismo de los extremos

Dentro de un año exacto Francia acudirá a las urnas para elegir a un nuevo presidente. Desde ahora los diversos sondeos de opinión indican a una elección conflictiva, polarizante entre candidatos de las fuerzas más extremas del espectro político galo.

De una parte, las encuestas perfilan al joven eurodiputado, Jordan Bardella, de la ultraderechista Agrupación Nacional -en francés: Rassemblement National (RN), quien encabeza todas las encuestas o, en caso de que sea absuelta de último momento por la justicia francesa, Marine Le Pen, dirigente histórica de dicho partido, quien fue inhabilitada para ejercer cargos públicos, tras ser acusada en marzo de 2025 de por malversación de fondos del Parlamento Europeo en beneficio propio y de su familia. RN es un partido político xenófobo, radicalmente contrario a la inmigración, eje central de su discurso, euroescéptico, proteccionista, radicalmente soberanista y con un discurso eminentemente securitario y policiaco.

De otra, todo apunta a Jean Luc Mélenchon, líder de La Francia Insumisa, movimiento de ultraizquierda formado apenas en 2016, que se caracteriza por sus posturas igualmente extremas, en temas tales como su rechazo a la pertenencia de Francia a la OTAN, su deriva antisemita y su delirante retórica de abolición del capitalismo por decreto.

Pese a ser polos diametralmente opuestos del espectro político, ambas fuerzas han mostrado sin rubor sus simpatías por la Rusia de Putin y su rechazo frontal por la Unión Europea. Es decir, ambos coinciden en su soberanismo, en su euroescepticismo, proteccionismo y en sus consignas populistas y reduccionistas ante problemas complejos. Los dos son partidos antisistema: es decir que la lealtad de ambas fuerzas a la legalidad representada por la Quinta República francesa es, por lo menos, tenue, si no dudosa.

Todo ello mientras las opciones históricas y moderadas de centroderecha y centroizquierda, encarnadas por los Republicanos gaullistas y el Partido Socialista francés han sido borradas de las preferencias de un electorado cada vez más impaciente y radical, lo que augura una elección ferozmente disputada.

No será la primera vez que un enfrentamiento tan antagónico se dé en un proceso electoral. Tristemente un escenario semejante comienza a configurarse como una tendencia a la que tendremos que irnos acostumbrando. Baste recordar, en ese sentido, la reciente elección celebrada en Chile, misma que, sin hipérbole enfrentó a un hijo de un nazi y pinochetista impenitente, José Antonio Kast, con, Jeannette Jara, una estalinista igualmente recalcitrante. Más recientemente las elecciones locales británicas constataron el ascenso vertiginoso de los populismos de extrema derecha y ultraizquierda, con el paralelo desplome del centro político.

Ciertamente Francia no es Chile. Hablamos de una potencia nuclear, con un asiento permanente en el Consejo de Seguridad, junto con Alemania, piedra angular de la Unión Europea. Un extremista, de uno u otro signo, en el Palacio del Elíseo podría tener repercusiones gravísimas y de alcance global.

Por lo pronto, el alcalde del populoso suburbio parisino de Saint Denis, Bally Bagayoko, de la Francia Insumisa, advirtió, o amenazó, que una victoria del RN en la elección de 2027 no sería aceptada pasivamente, planteando el escenario de una rebelión ciudadana, no sólo como posible, sino incluso deseable, lo que da cuenta del encono y de la crispación que ese proceso podría suscitar.

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