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La naturaleza del mal que nos agobia

Hemos señalado en pasadas entregas cómo los mexicanos nos encontramos atrapados en un laberinto de maldad. Para encontrar la salida es necesario mirar con calma, sin ingenuas justificaciones, y aceptar que su origen está en la libertad humana, la misma de la cual nacen el amor y los actos más sublimes de bondad.

El sigo XX conoció uno de los capítulos más oscuros de la historia política de la humanidad: la Segunda Guerra Mundial. Durante el conflicto y después, no pocos pensadores intentaron descifrar sus mecanismos como advertencia de futuros males. Vienen a la memoria, entre muchos, los nombres de Henry de Lubac, Dietrich Bonhoeffer, Erich Fromm y Theodoro Adorno. Los dos primeros, pastores y teólogos cristianos (católico y luterano). Los segundos, exponentes de la escuela de Frankfurt. Los cuatro intentaron descifrar las razones que posibilitaron la entronización de un pensamiento que inspiró la destrucción de la humanidad a nombre de la misma humanidad, así como las que llevaron a un pueblo, o parte de ese pueblo, a entregar el poder total a tiranos y criminales, rendirles culto y justificar sus más abyectas barbaridades al punto de no retorno, incluso si algunos se dieron cuenta años más tarde de su error.

Pretender una presentación pormenorizada de su pensamiento en estas escasas líneas es imposible. Tómense, pues, como una invitación al estudio de sus reflexiones, tan necesarias como olvidadas el día de hoy. De Lubac escribió El drama del humanismo ateo durante la ocupación nazi de París. Para él, su origen estaba en el ascenso de un pretendido humanismo que, al prescindir de la dimensión trascendente del ser humano, quiso hacer del ser humano el Dios creador de la humanidad a capricho de quien detentara el poder, fuera Hitler o Stalin. Adorno encontró una explicación en la personalidad autoritaria, esa que se muestra sumisa ante el poderoso y déspota cuando detenta el poder, la cual puede manifestarse también en la política de masas. Fromm encontró en el miedo a la libertad la explicación, cuando las personas en lugar de asumir su libertad y con ello su responsabilidad vital, deciden entregarla a un déspota en quien depositan sus propias frustraciones. Bonhoeffer, activista en la resistencia, poco antes de ser ejecutado, encontró en la renuncia al ejercicio del propio pensamiento la explicación, es decir, en la estupidez humana. No es nada más que un demagogo sea capaz de engañar a miles; sino que miles renuncian a la razón haciendo gala de estupidez. En las cuatro posibilidades hay un común denominador: la voluntaria renuncia de las personas a la esperanza, la razón y la libertad.   

En el ascenso del autoritarismo en México, con sus pretensiones de teocracia sin Dios, encontramos los mismos elementos a los cuales podemos agregar el ethos autoritario del mexicano que vive a la espera de Quetzalcóatl, por lo que suele fascinarse con los demagogos. Bien decía el padre Chinchachoma que el diablo es pendejo; el problema es que nosotros lo podemos superar y con ello volvernos cómplices de la maldad.  

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