Cuando el estrecho de Ormuz prácticamente se cerró, algunos analistas proyectaron que el barril de petróleo podría superar los 150 dólares. Sin embargo, tres meses después, el precio se ha mantenido relativamente estable por debajo de 100.
¿Qué explica esa distancia entre expectativa y realidad? Las reservas estratégicas.
En ese lapso, se han consumido cerca de 440 millones de barriles de reservas, a un ritmo de seis millones diarios (S&P Global). Las de Estados Unidos se acercan a su nivel más bajo desde 1983: al concluir el retiro en curso, quedarían apenas dos semanas de cobertura doméstica, frente al estándar de mínimo 30 días.
En 2022, la liberación coordinada tras la invasión rusa a Ucrania —hasta entonces la mayor de la historia— fue de 180 millones de barriles. Esta vez ya se duplicó la cifra. La estabilidad actual se compró a costa de un inventario que tardará mucho más en reponerse de lo que tardó en agotarse.
Se estima que las reservas se agotarán hacia mediados de julio. Es justo en ese margen, peligrosamente cerca del límite, cuando llega el anuncio del acuerdo entre Washington y Teherán para poner fin a la guerra, condicionado a futuras negociaciones sobre los temas críticos.
Pero incluso si el suministro de petróleo se normalizara mañana, sería difícil revertir de inmediato los cambios en la demanda. La Agencia Internacional de Energía ya recortó en 1.3 millones de barriles diarios su estimado de demanda global para 2026. China, responsable de 60% del crecimiento de dicha demanda entre 2015 y 2024, redujo drásticamente sus importaciones en las semanas pasadas. Muchos países adoptaron racionamientos y hasta jornadas laborales reducidas para hacer frente a la crisis.
Esos ajustes, al menos en parte, podrían mantenerse en los países que fueron capaces de reorganizar su consumo de energía. Indirectamente, la guerra pudo haber acelerado las políticas de transición energética.
¿Dónde está México?
Nuestro país está exento de mantener reservas artificiales gracias a sus yacimientos naturales: una consideración otorgada cuando nuestro horizonte era más amplio. No obstante, Pemex cerró 2025 con reservas probadas de 5 mil 352 millones de barriles, apenas suficientes para menos de nueve años al ritmo actual de extracción. El margen de acción se reduce. Nos guste o no, es tiempo de discutir cuál es la mejor forma de adaptarnos a la realidad actual: invertir en serio en el petróleo o acelerar nuestra propia transición.
La guerra parece estar terminando, pero su impacto definitivo aún es incierto. Entre el déficit en las reservas y la adaptación de la demanda, el mercado petrolero no será el mismo de antes.
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