Andrea S. Chávez
Albania, un pequeño país balcánico que ha acaparado titulares por el escandaloso resort vinculado a la familia Trump y por la “Revolución de los Flamencos”, y el movimiento ciudadano que lleva más de dos meses de protesta consecutiva para defender el área natural protegida en la que el proyecto se desarrollaría, tienen otro frente abierto. The Albanian Files, un volumen de 750 páginas publicado por Lars Müller Publishers, extiende la polémica hacia los mismos actores de siempre: el primer ministro Edi Rama y una constelación de figuras del desarrollo inmobiliario. Sólo que esta vez los cómplices no vienen de Washington sino de las oficinas más prestigiosas de la arquitectura internacional.
El libro reúne 520 proyectos diseñados por 60 despachos internacionales desde el año 2000. El primer ministro Rama contactó directamente a Chris Precht a través de Instagram. Alejandro Aravena llegó por recomendación de Ricardo Bofill. Bolles + Wilson, Stefano Boeri, Winy Maas, Bjarke Ingels y decenas de nombres más conforman el elenco. La pregunta que plantea Vincent W. J. van Gerven Oei en Exit.al es crucial: ¿ninguno de ellos se preguntó de dónde provenía el dinero? ¿Cómo uno de los países más pobres de Europa podía financiar cientos de rascacielos a un ritmo que ni las economías más robustas sostienen?
La respuesta más honesta la ofreció Reinier de Graaf, socio de OMA, el despacho fundado por Rem Koolhaas, en una carta a Rama incluida en el propio libro. Ahí sugiere que para los arquitectos sería preferible que Albania cancelara sus elecciones y que Rama gobernara como presidente vitalicio. O incluso como rey.
Lo que el libro revela, sin querer, es que esta supuesta "revolución arquitectónica" no se construyó mediante licitaciones transparentes ni concursos abiertos: los proyectos fueron asignados directamente por Rama: por WhatsApp, por Instagram o por llamada telefónica a medianoche a modo y antojo del primer ministro. Arquitectura por dedazo.
La figura del starchitect facilita ese tipo de operaciones. Desde que el Guggenheim de Bilbao convirtió un edificio firmado por Frank Gehry en un motor económico, contratar a un arquitecto célebre dejó de ser una decisión cultural para convertirse en una estrategia de legitimación. El starchitect no sólo vende edificios; vende prestigio. Y el prestigio funciona como una coartada eficaz cuando el origen del dinero genera demasiadas preguntas.
Sería un error considerar el caso albanés una anomalía. La arquitectura siempre ha servido a distintos mecenas. La Iglesia levantó catedrales para materializar el poder divino. La aristocracia construyó palacios para escenificar el poder dinástico. La burguesía revistió sus bancos con fachadas clásicas para transmitir estabilidad. Los Estados nacionales escribieron en piedra sus relatos fundacionales. Hoy el mecenas adopta otras formas: el oligarca, el fondo de inversión, el régimen que concentra las decisiones urbanas en un solo despacho o el gobernante que convierte la ciudad en su proyecto personal.
La historiadora de la arquitectura Carol Willis reformuló la máxima de Louis Sullivan de que “la forma sigue a la función”. Para Willis, en realidad la forma sigue al dinero. El libro The Albanian Files demuestra que no se trata sólo de que el dinero determine la forma del edificio, sino también quién lo firma, qué premios recibe y qué manifiestos publica después.
Durante años, la arquitectura se ha presentado como una disciplina comprometida con el espacio público, la democracia y el interés colectivo. Sin embargo, The Albanian Files muestra hasta qué punto esos principios pueden ceder ante el prestigio, la visibilidad o el acceso al poder. Quizá la lección más incómoda del libro no sea la corrupción de un gobierno, sino comprobar que la arquitectura sigue desempeñando el mismo papel que ha tenido durante siglos: otorgar legitimidad al poder. Los reyes cambian. Sus arquitectos, al parecer, no tanto.
*Andrea S. Chávez. Historiadora del arte y antropóloga urbana. Su trabajo explora las relaciones entre arquitectura, ciudad, patrimonio y memoria desde una perspectiva crítica. Escribe sobre cultura visual, espacio público y las formas en que habitamos el territorio.
@Andrea_Vez
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