En medio del inmenso desierto de dunas color guinda que hoy domina buena parte del paisaje político nacional, Coahuila volvió a aparecer este domingo como un oasis tricolor. La alianza integrada por el PRI y la Unidad Democrática de Coahuila (UDC) no sólo ganó la elección legislativa local: obtuvo alrededor de 55% de la votación y conquistó los 16 distritos electorales en disputa. En tiempos de hegemonía guinda, el resultado merece una pregunta obligada: ¿qué explica la excepción coahuilense?
Los resultados preliminares muestran una participación ciudadana cercana a 50%. La alianza PRI-UDC obtuvo aproximadamente 545 mil votos, mientras que Morena y el PT alcanzaron alrededor de 257 mil sufragios, equivalentes a 26% de la votación estatal.
La primera lección es que ninguna fuerza política es invencible. Morena sigue siendo el partido dominante a nivel nacional, pero los resultados de Coahuila muestran que los electores distinguen entre contextos nacionales y locales. Los números son reveladores. En la elección para integrar el Congreso local, celebrada en 2023, Morena obtuvo 354 mil 480 votos. Los resultados preliminares de este domingo le atribuyen alrededor de 257 mil. La diferencia es cercana a los 97 mil 500 votos, una reducción aproximada de 27.5% respecto de la elección anterior.
La segunda lección tiene que ver con las alianzas. Mientras el PRI y UDC construyeron una coalición eficaz, otras fuerzas políticas optaron por competir por separado. El resultado fue devastador. El PAN, que durante años fue una de las principales fuerzas políticas de la entidad e incluso llegó a consolidarse como segunda fuerza electoral, enfrenta hoy una reducción drástica de su representación legislativa y podría perder el registro local. Movimiento Ciudadano y el Partido Verde enfrentan un escenario similar. Quienes aspiran a disputar mayorías legislativas a Morena en 2027 deberían estudiar con atención la experiencia coahuilense.
Hay otro dato que no debe pasar desapercibido. Más de 64 mil ciudadanos anularon su voto. En otras palabras, los votos nulos superaron la votación obtenida por varios de los partidos participantes. El dato no necesariamente expresa rechazo al sistema democrático, pero sí refleja una preocupante incapacidad de algunas fuerzas políticas para conectar con amplios sectores del electorado.
La tercera lección proviene de los partidos locales. Mientras algunas fuerzas nacionales retroceden, nuevas expresiones políticas comienzan a ocupar espacios vacantes.[1] El caso más llamativo es el de Nuevas Ideas, partido estatal registrado apenas en 2025, que en su primera participación electoral obtuvo cerca de 73 mil votos, equivalentes a casi 6% de la votación total. Su desempeño supera al de varios partidos nacionales y constituye uno de los fenómenos políticos más interesantes de la jornada.
La lección de Coahuila no es únicamente que el PRI ganó. Es que Morena también puede perder votos, que las alianzas siguen siendo determinantes y que los electores no esperan indefinidamente a los partidos que dejan de representarlos. En política, como en el desierto, los oasis no aparecen por accidente. Se construyen.
[1] La Unidad Democrática de Coahuila (UDC) obtuvo su registro como partido político estatal en 1996 y ha mantenido presencia política durante casi tres décadas, particularmente en la región norte de la entidad. Por su parte, Nuevas Ideas y México Avante obtuvieron su registro local apenas en 2025. El desempeño de Nuevas Ideas (cerca de 73 mil votos en su primera elección) lo convierte en uno de los fenómenos políticos más relevantes para observar rumbo a 2027.
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