Hay circos que se vienen abajo porque se rompe la carpa, y circos que se vienen abajo porque los payasos, hartos de fingir orden bajo la lona, se pelean delante del público. Eso ha ocurrido esta semana con la cuarta transformación: se les fue el número de las manos, y detrás del maquillaje no había más que el viejo truco del trapecio sin red. Abramos con el hijo del domador. Andrés Manuel López Beltrán, ofendido porque le cancelaron la visa, …
