Los regímenes corruptos no nacen en el vacío: son la destilación de una sociedad cuyo tejido moral se ha corroído en la cotidianidad. Antes de que el Estado colapse institucionalmente, la sociedad ya ha quebrado en sus prácticas diarias. La cultura de la ventaja rápida, la evasión de la norma y el cinismo colectivo legitiman, a pequeña escala, la misma lógica depredadora que luego se execra en la cúpula del poder. Como advertía Étienne de La Boétie en el siglo …
