Entre miopía, prejuicios, cambios de rumbo, improvisación y egos, se fueron por el caño los pocos beneficios colectivos que el negocio de corretear un balón no acapara para los magnates de la FIFA. Es evidente que el futbol se ha convertido en un poder supranacional y en una fuente de inmensa riqueza. Como la más despiadada de las empresas capitalistas del siglo XIX, explota a sus trabajadores. No hay derechos laborales plenos, tampoco tribunales, y las represalias nos recuerdan las …
