Hace poco, el historiador español Gabriel Tortella llamaba la atención sobre el peligro que supone, cuando el cerebro se agota, caer en la pereza cognitiva, perder la imaginación o el sentido crítico y convertir, en términos orteguianos, las ideas en creencias, porque entonces éstas se vuelven inmutables, más cómodas de manejar y no requieren ningún esfuerzo intelectual. Pongamos un ejemplo reciente. Con sobrada razón, la condena al dislate de trasquilar el calendario escolar fue unánime, motivo por el cual las …
