En cualquier país del mundo, la llegada de un Mundial de futbol sería motivo de celebración. No solamente por la emoción deportiva, sino por lo que representa en términos económicos: miles de visitantes, hoteles llenos, restaurantes abarrotados, comercios vendiendo más, empleos, inversión y una oportunidad irrepetible para mostrar al mundo la mejor cara de una ciudad. La capital del país debería estar viviendo precisamente eso. Sin embargo, a unos días de convertirse nuevamente en sede mundialista, lo que vemos son …
