La ansiedad que no deja estar sentado. El celular como un mal consuelo para distraerse de esa otra pantalla que obliga a que tus ojos regresen a ver lo que pasa. Por inercia, la mano va y viene del plato con churritos de limón a la boca, como si eso fuera a aliviar la tensión. El corazón que se salta un latido cuando el cabezazo de Raúl Jiménez pasa a un lado del poste. La paz momentánea que da el …
