Imaginemos un avión cisterna británico sobre el mar Rojo. Un caza saudí se aproxima, recibe combustible y continúa hacia Yemen. La tripulación del Voyager no elige sus objetivos ni dispara sus armas. Sin embargo, si ese combustible permite realizar un bombardeo, ¿dónde termina la asistencia técnica y comienza la responsabilidad política? Esa es la pregunta que Londres tendrá que responder. El 20 de octubre, tras los ataques hutías contra el aeropuerto de Riad, donde murieron trece personas, el gobierno británico …
