En política comparada, las derrotas más instructivas son las que desarman un método. Eso es lo que ocurrió ayer domingo 12 de abril en Hungría. Viktor Orbán, uno de los arquitectos más exitosos del populismo contemporáneo, perdió el poder después de 16 años. Su derrota importa por una razón mayor que la alternancia, nos ofrece una pista concreta sobre cómo puede ser vencido un gobierno populista que parecía haber convertido al Estado, a la nación y al resentimiento en patrimonio …
