Por lo menos desde que en 1934, Plutarco Elías Calles pidió apoderarse “de las conciencias de la niñez y de la juventud” para arrancarlas de “las garras de la clerecía y los conservadores”, todos los gobiernos han intentado usar la educación pública para dejar su huella -o bien sus confusiones y traumas- en esa zona tan extraña como etérea que es el alma de los niños. En otros países y épocas ha sucedido lo mismo. Durante las primeras dos décadas …
