¿Boicot o sabotaje? La pulsión centralista del régimen encontró en Chihuahua un rebrote federalista que le hizo perder la batalla del sábado y exhibir el talante y la fragilidad de sus cabezas. El estado logró contener la expedición punitiva del centro organizada con ‘manifestantes’ levantados por el partido oficial en viarios estados para simular una ‘rebelión popular’ contra los poderes constituidos en esa entidad federativa. La presidenta ubicó esos hechos como una maniobra de ‘boicot’ contra la 4T. Pero en realidad lo que ocurrió allá fue un rechazo local a un sabotaje desde el centro. Ya para el lunes la jefa del Estado mostró, en buena hora, más moderación en la defensa de la fallida incursión beligerante de su partido en las calles chihuahuenses. Pero habrá que ver que dispone el partido al respecto… desde el más allá.
Dictadura y centralismo. El hostigamiento contra Chihuahua del partido que -desde el más allá- parece controlar al Ejecutivo, al Legislativo y al Judicial se topó con la arraigada sensibilidad anticentralista de ese estado. Con eso no contaba el régimen, debido a su ignorancia de los sentimientos regionales del país. Las dictaduras de todo tipo, incluyendo las teocráticas y las que se dijeron ‘del proletariado’, han pretendido imponer sistemas centralizadores de las decisiones del poder en todos los órdenes: uniformar formas de pensar y de callar, de inmovilidad, o de vociferar al servicio de los mandos y en contra de toda expresión diferente.
Vía inédita. El régimen central logró ya abatir las instituciones de la República democrático-liberal que en épocas recientes sirvieron de freno y contrapeso al poder absoluto. Pero la gana chihuahuense, de hacer efectivas las libertades del federalismo, puede remover el subsuelo anticentralista de otros estados y abrir una vía inédita para recuperar la vida democrática de la nación.
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