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Raúl Castro, el vuelo fatal de los MiG-29

En 1996 un avión MiG-29 de la Fuerza Aérea de Cuba derribó dos avionetas Cessna que sobrevolaban cerca de la isla. Murieron cuatro personas: Armando Alejandre, Carlos Costa, Mario de la Peña y Pablo Maldonado, integrantes de la organización Hermanos al Rescate, que se ocupaba del auxilio de quienes trataban de migrar hacia Florida.

Desde entonces, hay un litigio sobre el lugar de los disparos, aguas de Cuba o mares internacionales. No se trata de una cuestión de forma, sino que las coordenadas definen si se trató de una acción justificada o no.

La Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) concluyó que los militares cubanos se habían excedido y los misiles impactaron en el fuselaje de las dos pequeñas aeronaves, cuando no se encontraban en los límites territoriales.

También estipuló que existió violación al derecho a la vida, uso desproporcionado de la fuerza y que se incumplieron los estándares internacionales.

Como los informes de la CIDH son como llamados a misa, las cosas habían quedado ahí, como un incidente más, aunque trágico, de las complicadas relaciones entre Estados Unidos y Cuba.

Pero el Departamento de Justicia de Estados Unidos tenía otros planes, sobre todo con el impulso de Donald Trump, y se entabló una acusación formal contra Raúl Castro, quien en aquellos años era el jefe del Ejército.

Los fiscales adelantaron que Castro comparecerá, ya sea por voluntad o por otros medios. En todo caso, coloca al líder de la revolución en un aprieto como hasta ahora no conocía y de pronósticos inciertos.

Es una vuelta de tuerca más contra el régimen que ha mantenido el poder durante 70 años, donde ya muestra un desgaste monumental, pero es también una estrategia de desgaste, una más.

Marco Rubio hizo una agria crítica a GAESA, la empresa que controlan los militares y que es la que se encarga de los proyectos estratégicos y los culpó de las penurias que padece la población.

Son tenazas que se van cerrando sobre una parte de la élite. La paradoja es que la determinación de acorralar a Raúl Castro proviene de un tipo, Trump, tan antidemocrático como él.

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