Said “Musgo en el Arte” Soberanes
Para esta columna, tenía pensado ir a un espectáculo de danza que tendría lugar en una casa abandonada, muy guapa y vacía, a las afueras de la ciudad; para asistir al performance/exhibición de arte “De aquí a dónde? [sic)”. Me preparé leyendo a Tobia Berzola hablando sobre la obra de Noritoshi Hiratawa en sus intervenciones a la Casa Barragán. Con malicia, quería poner a prueba su idea de que el vacío de una casa hace pensar en el sexo —idea que me parece carente de gusto— y que un espacio que debería ser un hogar sería habitado “con seriedad extraña y sexy” por los bailarines, como si fuesen esculturas vivientes (tableaux vivants, les llama el autor).
No pude encontrar la ubicación del espectáculo en ninguna red. Si querías encontrar la ubicación, tenías que preguntar a alguno de los participantes o a alguna de las páginas de IG (importante el acrónimo de Instagram para lo que quiero pensar) y, aunque uno de sus carteles mostraba quiénes participaban, no había programa ni hora ni lugar. El proyecto exudaba esa experiencia de exclusividad y misterio que hace que se sienta viva la cultura underground.
Cuando pude encontrar la ubicación, a eso de las 19 h, supe que el evento comenzaba a las 20 h, por lo que tendría que irme en ese momento; por otro lado, si calculábamos que habría al menos seis grupos haciendo danza y performance con cada presentación, más tiempos de cambios de logística junto con el plan de tener una exhibición —habría de existir también tiempo para poder apreciar las obras sin tener que atender a algún espectáculo—, el evento tendría que terminar pasada la medianoche. Pero éste, el momento de escribir, es el primer momento libre que he tenido en una semana previa a otra semana con el mismo estrés; y acceder a esa logística del espectáculo implicaría volver a llegar desvelado y sin energías a otro quehacer que tenía pendiente temprano al siguiente día.
El trabajo, el segundo trabajo, “las chambas extras para sacar el resto”, los problemas familiares, los problemas de salud, las deudas, todo eso hace preguntarme el tipo de animales urbanos que pueden asistir a un ejercicio de arte que sucede en las sombras y, en general, de todo ese arte que sucede en un escenario, y que necesita de tu tiempo y de tu expectativa.
Pierre Bourdieu llama a esto “capital cultural”, no sólo tener las experiencias para poder apreciar la intención de exclusividad que proponen los antecedentes de este espectáculo, sino consentir y entender lo que voy a ganar en consumir —se dice invertir— el tiempo en la planeación de mi asistencia; además —fallo mío— saber distinguir que la “info” tal vez estuvo siempre en TikTok y que buscarla en IG o en FB habría sido un error cultural. Así como ver lo poco apropiado que es escribir Instagram o Facebook —y no sus acrónimos— y que, en toda esta labor, ni siquiera he llegado a ver una obra aún. Todo esto es capital cultural, buen gusto, y es un recurso como lo es el dinero.
Y me duele y atormenta pensar en los cuerpos que no pueden asistir, que no saben asistir; miro al hueco “extraño y sexy” de los cuerpos que sólo como “herederos” se pueden llegar a interpretar, y noto el resto de cuerpos que sólo aprecian el abismo en esos tableaux vivants. ¿Cómo hacemos escena en una ciudad donde la mayoría de sus habitantes no tiene tiempo para observar? Ya no para apreciar observando, siquiera para ver. ¿Qué cuerpos, que no sean los cansados, alterados, llenos de cortisol y adrenalina, estamos dispuestos a mirar con calma? ¿Cómo habitar la danza desde el cansancio? ¿Cómo hacer escena desde esta tristeza? No lo sé.
La última vez decía que los animales de ciudad nos esforzamos para ser testigos bailando, hoy soy ese cuerpo que mira al abismo y sólo siente la mirada que le es devuelta. Sea éste el relato de mi fracaso.
Morelia, Julio 2026
*Said "Musgo en el Arte" Soberanes. Buen amigo, decente y proclive al amor imposible. Profesor de arte, filosofía y metodología de la investigación, artista sonoro punk de ruidos en obsolescencia y, en otro tiempo, crítico de teatro.
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