Hay un barco enorme, viejo y muy querido. Se llama IMSS y lleva a bordo a setenta y siete millones de mexicanos, entre trabajadores asegurados y sus familias. Cuando falla, no falla en abstracto: falla en la fila de la farmacia, en la quimioterapia que no llega, en el quirófano que se aplaza. Y cruje en demasiados sitios. Conviene decirlo sin eufemismos, pues en Palacio Nacional ya sobran. En la consulta del día 14, los trabajadores rechazaron el aumento que …
