Hay algo que en México se repite con una velocidad preocupante: cada vez que un delito indigna, la respuesta inmediata es proponer más años de cárcel. Más penas. Más delitos catalogados como graves. Más prisión preventiva. Y menos preguntas incómodas. En los últimos años —y particularmente en meses recientes— hemos visto reformas que endurecen sanciones en delitos como feminicidio, extorsión, robo, maltrato animal… e incluso violencia familiar. Se amplían también los supuestos de prisión preventiva oficiosa, pese a que la …
