El mal tiene muchos rostros y múltiples manifestaciones, pero todos tienen un común denominador: lastiman la dignidad de las personas y cimbran nuestra confianza en la humanidad. Para los creyentes, además, implica el cuestionamiento más dramático si no a la existencia de Dios, sí a su bondad y compromiso con la humanidad. En esta ocasión quiero compartir dos reflexiones sobre la maldad humana: el mal banal y el bienpensante. Confieso que ha sido la esperanza en el Resucitado lo que …
