Mario Delgado ha hecho realidad el sueño de Karl Marx: una sociedad sin clases. Para conseguirla no hizo falta una revolución violenta, ni siquiera una transición gradual exitosa. No, los factores para ese estatus fueron muy distintos: el calor y el Mundial de futbol. ¡Ah!, y uno más: el talante antiilustrado del titular de Educación Pública. Delgado no es el único servidor público que no siente demasiado aprecio por las clases. Lo acompañan en esa valoración los ministros de la …
