La Ciudad de México se volvió una morada demorada. Todo tarda. Todo queda a medias. Todo se anuncia antes de existir. Y mientras tanto, todo se pinta de morado. Porque el gobierno de La Escenógrafa parece pensar que el color funciona mejor que la eficiencia. Mucho mejor que pagar el mantenimiento, de hecho. La capital vive atrapada entre obras eternas, inundaciones, tráfico paralizado, estaciones del Metro que sobreviven por fe colectiva y banquetas convertidas en trincheras. Una ciudad cerrada. Excavada. …
